Ayer por la tarde estuve bastante jodidillo. Tuve que quedarme en casa aquejado de una dolencia gástrica, y dado que poco más podía hacer, me puse a leer. Y dado que en los últimos días se ha hablado tanto del trailer de Watchmen (que aprovecho para decir que a mí no me ha gustado y me da bastante miedo lo que pueda salir de ahí… aunque claro, sólo es un trailer), cogí el Absolute de la estantería y me metí de una sentada la mayor obra maestra de la historia del cómic.
(Sí, vale, ya he dicho que me llega más dentro V de Vendetta, pero formalmente Watchmen le da mil vueltas)

Lo primero de lo que hay que hablar es de los aspectos prácticos del tomo. Se ha hablado mucho de lo inmanejable del formato Absolute… y no es del todo equivocado. Mis sitios preferidos para la lectura siempre han sido la cama, el sofá y el transporte público. Y un Absolute es absolutamente (perdón por el chiste fácil) impracticable en cualquiera de esos entornos. Ahora bien, sentado en una silla con el tomo en una mesa… la lectura se convierte en una completa delicia. Además, la calidad de la reproducción es perfecta.
Y cuando terminas la historia, llegan los extras. Bocetos preliminares (cielo santo, qué horroroso era el diseño original de Rorschach), textos de los autores, la portada del juego de rol, ilustraciones promocionales, diseños para camisetas… prácticamente todo ello con variaciones sobre la misma imagen de los Crimebusters, el supergrupo que nunca existió.
También tenemos por ahí contada de primera mano la historia clásica sobre el origen de los personajes. Muchos sabíamos (antes de la era internet, que esa información hoy está al alcance de cualquiera) que Watchmen estaba escrita para los personajes de la Charlton, y que DC decidió emplearlos a última hora sin previo aviso. Y con un pequeño lavado de cara, el Capitán Atom se convirtió en el Dr. Manhattan, Question en Rorschach, Blue Beetle en Búho Nocturno… Lo que no es tan sabido es que la inspiración inicial son unos personajes de (!) Archie Comics. También podemos leer cómo Alan Moore nos cuenta que, tres años después de iniciar el tebeo, estaba hasta las pelotas de él. No quiero pensar cómo estará ahora.
¿Erratas? Poca cosa, pero, lamentablemente, alguna hay. Palabras cortadas en un bocadillo y tal. Eso sí, los que estamos acostumbrados a la traducción de Zinco choca un poco. El lenguaje empleado en la traducción del diario de Rorschach es mucho más normal que el que se utilizó entonces, bastante inquietante y reflejando una personalidad notablemente desquiciada. No es tanto un error como una diferencia de criterio, pero… sí que deja un poco descolocado. Supongo que pasaría lo mismo a los que crecieron escuchando With A Little Help From My Friends de los Beatles y años después se encontraron con la de Joe Cocker, que es notablemente superior a la original, pero es distinta.
¿Y sobre la historia…? Buf. Qué contar sobre ella que no se haya contado mil y una veces. Que esos complementos aparentemente intrascendentes tienen mucha importancia en la historia. Como los personajes de Hollis Mason y Sally Jupiter, que están perfectamente definido, aunque aparezcan en cuatro viñetas contada, gracias a la narración de Bajo La Máscara. O como sabemos de la personalidad de Max Shea, el escritor que aparece fugazmente en la isla, gracias al artículo sobre los cómics de piratas, y de su desaparición por las páginas de maquetación del New Frontiersman. Y ya que hablamos de los cómics de piratas… ¿a alguien se le escapa que el protagonista de la historia El Náufrago, de la cual podemos ver viñetas dispersas a lo largo de la historia, sigue el mismo camino que Adrian Veidt?
Podríamos hablar también de narrativa, de cómo ha cambiado el mundo por la presencia de Manhattan, de cómo Moore consigue por un momento darnos la sensación de que realmente todo el tiempo está ocurriendo simultáneamente (magistral el número de Marte o la llegada de Manhattan a la fortaleza de Veidt, observad los dibujos del personaje cuando repite diálogos), de cómo Jeph Loeb y Tim Kring mezclaron esta obra con Días del Futuro Pasado para sacar el taquillazo televisivo de la temporada, Héroes…
O de cómo algún conspiranoico se basa en este tebeo para demostrar que quien instigó el ataque al World Trade Center fue el propio gobierno americano. Curiosamente, los mismos que consideran que esa teoría es totalmente lógica también dicen que la paranoia del 11M es ridícula y sin fundamento… lo cual demuestra que nos creemos lo que nos da la gana. Pajas y vigas, vamos.
Pero para qué. Cada cuál saca sus propias conclusiones, tiene sus propias sensaciones y valora más unos momentos del tebeo que otros. Y no voy a ser tan pardillo de pretender predicar a los conversos ensalzando las virtudes de un tebeo que todos los que pasamos por aquí hemos leído mil y una veces.
Por cierto, ya que he mencionado más arriba el World Trade Center… ¿He dicho ya que me voy a Nueva York?