Durante esta semana La Librería entra en conjunción con UTCON y demás componentes de la tebeosfera, para dar un salto en el tiempo y ver cómo habríamos recibido determinadas obras de haberlas leído de nuevas y sin la influencia de todo lo que han generado a posteriori.
No es costumbre mía reseñar en La Librería series que aún no hayan terminado, o al menos sin arcos argumentales cerrados, pero tras leer los tres primeros números de esta necesito decir algo.
Confieso que le eché el ojo a la serie por su guionista, Alan Moore, que es el tipo que lleva un tiempo haciendo La Cosa del Pantano y la está convirtiendo en una serie de lo más inquietante. Le ha dado una explicación cojonuda al origen del personaje y ahora se mueve por ambientes realmente terroríficos. Así que al ver en el quiosco que hay una nueva serie guionizada por él me he tirado un poco a la piscina a pillarla.

Watchmen (Los Vigilantes) a priori creía que iba a ser una serie de superhéroes, pero con un tono más “maduro” dado el autor, pero… es que ahora no sé lo que es. A ver, el mundo en el que está ambientada es el actual, con las dos potencias en plena guerra fría, pero con la salvedad de que los superhéroes están prohibidos en América. En el pasado hubo un equivalente a la JSA y posteriormente algo parecido a la JLA, pero ahora todos han sido forzados al retiro o a trabajar para el Gobierno. Sólo uno de ellos, recién salido de la cárcel, continúa con su tarea al margen de la ley. Se llama Rorschach y, a parte ser un demente violento, no parece tener más poderes que una máscara que cambia de dibujo en cada viñeta.
La historia arranca precisamente con la muerte del Comediante, uno de los héroes más veteranos y de los pocos que se habían hecho “oficiales” y Rorschach resulta ser el único interesado en aclarar su muerte. Sospecha que alguien está eliminando superhéroes y decide avisar a sus ex-compañeros, que no amigos, y todos le reciben de una manera fría y no parecen muy afectados por la noticia. En el segundo episodio veremos por qué.
Se celebra el funeral y mediante flashbacks vemos cómo el Comediante era un tipo egoísta, que sólo se movía a golpe de violencia y se cagaba en la gente todo lo que podía. Pero parece que en los últimos días de su vida descubrió algo que llegó a horrorizar a un monstruo como él.

Y cuando ya me pensaba que la serie iba a seguir como rumbo la investigación del caso de asesinato, resulta que en el tercer capítulo lo dejan de lado para centrarse en otros dos de los ex-súper héroes que ya habían aparecido, el Dr. Manhattan y su novia. No se sabe muy bien quién es el Dr. M, si humano, extraterrestre o un ente artificial, pero parece un ser casi omnipotente que ahora se dedica a hacer diversas investigaciones científicas para los militares, y que le han puesto a vivir con una ex-heroína jovencita para que lo mantenga entretenido. El meollo de la cuestión es que cada vez muestra menos apego a la humanidad y la chica lo acaba abandonando, lo que al final también desencadena la marcha del propio Manhattan… ¡a Marte!
Y hasta aquí hemos llegado por ahora. ¿Es una serie de súper héroes? Pues sí y no. Sí, porque salen súper héroes y la historia se centra en ellos. Pero no, porque hasta ahora no hay nada de lo típico que se puede ver en la Patrulla X o los Nuevos Titanes. No ha habido peleas con supervillanos. De hecho sólo hemos visto a uno y ¡se está muriendo de cáncer! Casi ni conocemos los nombres clave o los uniformes que utilizan y menos aún se han visto sus poderes, excepto los del Dr. Manhattan.
Y sobre el dibujo, lo primero que me viene a la mente para calificarlo es “obsesivo”. Dave Gibbons divide cada hoja en 3×3 viñetas y sólo en casos especiales junta algunas de las que están próximas entre sí para hacer otra más grande, pero nunca perdiendo la estructura inmutable de 3×3. Y atención a la cantidad de cosas que es capaz de dibujar en unas viñetas tan pequeñas para lo que se va imponiendo en la actualidad. Seguro que esto ganaría mucho reproducido a un tamaño mayor del tipo álbum europeo…
Así que no sé como definir la serie. En primer lugar, para que quede claro, digo que a mí me está gustando. Me parece sorprendente el tono oscuro y reflexivo que tiene todo y, aunque tampoco me extrañaría que al final el Alan Moore este se acabe haciendo un lío y no sepa qué hacer con la serie y con tanto personaje, creo que por ahora promete. Eso sí, si esperas encontrarte aquí con la nueva JLA o un grupo aventurero en plan Los Vengadores te vas a llevar un chasco enorme, porque no hay ni rastro de esa acción característica de los grandes grupos de súpers. No sé, si os sobran unas pelas del presupuesto mensual, y os apetece algo diferente, podéis darle una oportunidad, como poco seguro que os sorprende.


Bah sí, de momento está muy bien. Pero veo demasiadas ideas y conceptos para que acaben siendo llevados a buen puerto. Vamos, que ni de coña estamos ante un clásico ni nada por el estilo. Además creo que 12 números es demasiado. Seguro que acaba aburriendo a las pierdras. Segurísimo.
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A mí me la dejan esta noche. Le echaré un ojo y la comentaré mañana en el blog. Pero por cómo la pintas, me da a mí que no me va a gustar. Suena a rollo, ¿no? O al menos, a gafapastada.
Un poco gafapasta sí parece, la verdad. Eso sí, la verdad es que Zinco esta vez se ha puesto las pilas con la edición. La traducción está bastante bien y se han tenido que currar todas las páginas extra de ‘Bajo la Máscara’. ¿Creéis que cuando acabe la sacarán en retapados? ¡Sería genial! ¡Los retapados molan!
Ya he colgado mi reseña del tebeo en mi blog. Menudo pufo…
[...] Yo este año lo he tenido claro, después de releerme Watchmen para la semana Ultimate UTCON sólo podia seguir con otra obra de Moore. Cualquier otra elección habría resultado demasiado perjudicada por la inevitable comparación. Y mira por dónde, en mi montón de atrasados estaba este tomazo de 26 € y tapa dura que sacó Norma allá por abril. Y qué gran decisión oigan. La serie es una gozada que encima, al estar recopilada aquí en su totalidad, te puedes pegar el gustazo de leértela de un tirón. Terminar un capítulo y no poder resistir la tentación de ver cómo continúa en el siguiente es automático. Gran parte de este mérito es de unos personajes perfectamente definidos, como sólo un maestro como Moore puede hacer. Sin darnos cuenta, va mostrando pinceladas de cada uno hasta el punto que acabamos conociéndo a la mayoría hasta en sus vidas privadas. Y luego está esa sensación de cotidianeidad tan bien conseguida, donde los casos van fluyendo con la naturalidad de cualquier gran ciudad y las investigaciones se llevan con la sensatez de cualquier poli orgulloso de un trabajo que sabe que es necesario hacer, aunque a veces pueda destruir los ánimos del mejor predispuesto. [...]